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Es una de las preguntas obligadas de cualquier conversación de “cachaco” con cartagenero sobre política y elecciones.
Para entender como funciona este sistema y que escenarios y actores son clave, es preciso anotar que sin pretender establecer una lista rigurosa, consideramos que diversos factores entran en juego en el andamiaje electoral en Cartagena: la financiación de las campañas, el control sobre el voto cautivo y el transporte privado el día de las elecciones, factores que no actúan de manera independiente, sino que se interrelacionan para garantizar el triunfo de las empresas electorales que históricamente han funcionado en Cartagena.
Los partidos políticos han sido importantes a la hora de los avales, pero las decisiones sobre aspiraciones, las toman directamente las empresas electorales, es decir los del “billete”. Y sobre la financiación, lo cierto es que de las empresas políticas familiares que marcaron la pauta en el manejo de la cosa pública, se ha pasado a la captura del Estado por parte de financiadores que anticipadamente compran las decisiones del gobierno y la contratación estatal. En otras palabras, se pasó del monopolio de las familias Espinosa Faciolince, García Romero, Turbay Turbay o Benedetti Vargas –por citar algunos ejemplos– al monopolio de los contratistas o inversionistas que como en cualquier negocio, hacen una inversión para recuperarla con elevadas ganancias.
Algunas de estas familias han logrado combinar su carácter de inversionistas con su condición de grupos políticos dentro de diferentes partidos, pero hoy quienes marcan la pauta son los financiadores o inversionistas de campañas. Las últimas elecciones han tenido claros y conocidos financiadores: el contratista estatal Alfonso “El Turco” Hilsaca y Enilse López “La Gata”, empresaria del chance, hoy detenida e investigada.
Las empresas o grupos políticos, se forman con muchos pequeños feudos manejados por los llamados “líderes de barrio”, que atienden a la gente de diferentes maneras: consiguiéndole cargos, gestionando el ingreso de sus familia al régimen subsidiado o a un programa de vivienda, consiguiendo obras de pavimentación para el barrio, entregando en nombre de su político los famosos abanicos o mercaditos y otras prebendas.
Estos líderes de barrio hacen múltiples alianzas para apoyar a los diferentes aspirantes a cargos de elección y buscan financiación con diversas empresas políticas a cambio de ponerle los votos que maneja. Por eso, es normal ver que apoyan concejales de un partido, a un aspirante a alcalde de otro y a un candidato a gobernador de un partido diferente, porque en la medida en que diversifique sus apoyos, tienen diversas fuentes de financiación electoral.
El control sobre el voto cautivo y la posibilidad de transporte privado el día de las elecciones son factores relacionados entre sí, y con el modelo de financiación electoral. Trasladar a los votantes en buses, taxis y hasta en lanchas en las zonas de la bahía para zonificarlos en sitios diferentes a sus barrios y localidades, resulta más costoso, pero es la manera de controlar si el “líder” a quién el aspirante ha atendido con recursos económicos cumple con su cuota de votos, la mayoría de éstos comprados.
En los mentideros políticos de la ciudad se ha dicho que durante la jornada electoral los políticos tradicionales pagan 20 mil pesos por voto, pero que en la elección de este año, por la cantidad de recursos circulando por parte de los financiadores y de la misma administración distrital, el voto se “avaluará” en 30, 40 y hasta 50 mil pesos. Es decir que por ejemplo, los aspirantes a Concejo que se eligen comprando votos, necesitan solo para el día de las elecciones, entre 50 y 100 millones de pesos en efectivo.
Por otra parte, las cuentas indican que solo en transporte una campaña requiere 80 millones de pesos para movilizar 5.000 personas. El agravante es que en las jornadas electorales no hay transporte público, porque taxis, colectivos, buses y busetas son alquilados hasta dos meses antes de las elecciones por las campañas con mayores recursos. Con esta deplorable práctica ¿cómo es posible que se movilice el voto libre, independiente o de opinión?
Todo este análisis, responde la otra pregunta frecuente: ¿por qué los cartageneros no reaccionan y eligen a alguien diferente? Claramente se puede concluir que con tanto dinero sucio pero también con tanta pobreza es muy difícil que una candidatura independiente triunfe. Pero también es claro que gobernantes elegidos de esta manera no están interesados en acabar con la pobreza, porque al estar conscientes de las necesidades de la gente, cada vez que hay elecciones sólo ellos pueden satisfacerlas con mercados, fórmulas médicas, abanicos, tejas o cemento.
¿Hay esperanza? Claro. Muchas organizaciones sociales y los nuevos líderes de barrio de zonas deprimidas como Pozón, Nazareno, Olaya Herrera, Fredonia, Nuevo Paraíso, Socorro o Blas de Lezo, que están promoviendo el voto vital a través de INCIDE han iniciado un proceso que dará sus frutos en el mediano plazo, porque solo una ciudadanía informada y formada puede contrarrestar las malas prácticas políticas en Cartagena. Y eso lo saben los políticos tradicionales.
Por Adelfo Doria. INCIDE en Cartagena

Creado por INCIDE
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