UNA DEMOCRACIA AMENAZADA POR LA POBREZA: LA VISIÓN
“Mientras haya hambre no puede haber democracia libre en Cartagena”. Con esta frase lapidaria se resuelve en muchas ocasiones la compleja y desafortunada realidad social y política que vive el corralito de piedra; pero ¿será que los pobres no son capaces de participar a conciencia? O ¿será que Cartagena está llevada del bulto por la escasez de recursos económicos y por la pobreza mental y espiritual de muchos?.
Hace casi 200 años, cuando “libertad” e “igualdad” eran conceptos desconocidos para el común de la América colonizada por España, las personas más humildes y excluidas de Cartagena fueron superiores a los ilustrados de su tiempo. Lucharon fervientemente por esos principios y se convirtieron en artífices de la gesta independentista del 11 de noviembre de 1811. Eran otros tiempos, es verdad, pero aún persisten muchos de los fantasmas de la época: la incapacidad de la clase dirigente para construir propósitos comunes, las profundas desigualdades sociales y la desesperanza de un pueblo ansioso de disfrutar su libertad. Y no solo de la libertad como opuesto a esclavitud física, sino libertad para participar de los bienes colectivos que un estado democrático debe otorgar a sus ciudadanos.
La democracia en Cartagena, al igual que en el resto de América Latina se ha reducido a un ”simple conjunto de procedimientos” para designar gobernantes (Castoriadis, 1994), que no opera como un régimen político que permita que el conjunto de nuestros derechos se tornen efectivos, que nos permita utilizar las libertades políticas como palanca para construir la ciudadanía civil y social.
Si nos atenemos a lo que expresa el “Informe La Democracia en América Latina -Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos” podemos identificar que existe claramente un “triángulo de la democracia electoral, la pobreza y la desigualdad” en Cartagena.
La primera esquina del triángulo nos deja ver que la participación para la elección popular que proclamó a Nicolás Curi como Alcalde de Cartagena hace dos años, alcanzó un promedio de 22%, la cifra más baja participación política registrada en la ciudad desde que existe la elección popular de alcaldes. En el puesto donde votan las “cédulas nuevas” y en la mayoría de los corregimientos, la abstención superó el 83%; y una de cada tres personas que votó, lo hizo en blanco. ¿Voto de castigo? ¿Desesperanza en la democracia? ¿Poca credibilidad en la política?.
Por su parte, el clientelismo dejo de ser una estructura guiada por viejas ideologías y jefes naturales, para consolidarse como un mercado electoral que muda permanentemente las alianzas y adscripciones partidistas según la oferta. La corrupción al votante y la captura del Estado por parte de cuestionados financistas de campañas electorales son pan nuestro de cada...elección.
El segundo vértice del triángulo muestra que más del 67,3% de los habitantes de la ciudad está por debajo de la línea de pobreza. Esto incide directamente en su cultura democrática, ya que los procesos electorales no son ajenos al marco de carencias de la población que concurre a las urnas. Se ha demostrado que la pobreza y la miseria permiten desarrollar mecanismos de coerción, manipulación y compra de votos, que hacen que esta población esté más expuesta a prácticas electorales ilegales.
Por ejemplo, en Cartagena, es posible establecer que la participación electoral se incrementa en zonas donde la pobreza es mayor, y que muchos concejales y dirigentes políticos locales y regionales ostentan un gran caudal de votos en las zonas urbanas más deprimidas y en los corregimientos.
El tercer punto de unión del triángulo deja entrever que existe una notable acumulación de la riqueza y que el abismo entre pobres y ricos cada vez es mayor: el coheficiente de Gini es de 0,46 en La Heroica; eso solo si consideramos exclusivamente la desigualdad en los ingresos, sin tener en cuenta otras desigualdades existentes, que también afectan la vida de las personas. Porque pobreza no es sólo escasez de recursos económicos, es sobre todo exclusión, falta y carencia de posibilidades y perspectivas para que los individuos y en ocasiones las sociedades enteras puedan participar y ejercer su derecho a la ciudadanía (Sen, 1999).